Educación: lo que viene
La mejor inversión que puede hacer el país es
educar a su gente. A futuro, el posicionamiento de Colombia dependerá de la productividad de su mano de obra.
La
mejor inversión que puede hacer el país es educar a su gente. A futuro,
el posicionamiento de Colombia dependerá de la productividad de su mano
de obra. Cuando
los plazos de retorno son largos, suele ser difícil conseguir
inversionistas. Esto es lo que ocurre con la inversión en educación.
Todos sabemos que es indispensable dar prioridad, asignar recursos y
tiempo a la educación, pues ella es requisito del desarrollo. Sin
embargo, a veces es fácil flaquear en el camino. Si vemos las cosas
desde una perspectiva estrecha, podría parecer que la educación es una
especie de barril sin fondo, que pide recursos año tras año a la
sociedad sin brindar resultados que se manifiesten en cambios visibles.
Pensar
así, sin embargo, es un gran error. En esta edición Dinero dedica 38
páginas a examinar en detalle el estado actual de la educación en sus
diferentes niveles en Colombia, las metas que ha logrado superar en los
últimos años y los retos que enfrenta a futuro. Ahí se hace evidente
que la educación es una inversión de largo plazo que sí da frutos.
Nuestro
país tiene un amplísimo terreno por recorrer en el tema de la
educación, pero ciertamente ha alcanzado también logros de alto impacto
en este frente. La cobertura educativa ha crecido en una forma que
pocos habrían imaginado posible hace apenas una década. Un sistema de
desarrollo de competencias y capacidades en los estudiantes ha
reemplazado al viejo modelo basado en la repetición de conocimientos.
Los padres de familia muestran niveles de involucramiento sin
antecedentes en la educación de sus hijos, y los propios alumnos son
hoy más exigentes frente a la oferta educativa que se les presenta.
Al
mismo tiempo, los retos hacia adelante son extraordinarios. Colombia
sigue atrasada en las pruebas que miden aptitudes académicas a la luz
de estándares internacionales. La brecha entre el mundo de la enseñanza
y el mundo del trabajo sigue siendo demasiado amplia y el desempleo de
los jóvenes supera ampliamente al de la población general. Los
estudiantes se exasperan ante unos profesores que les plantean
metodologías de estudio ancladas en el Siglo XIX, mientras ellos viven
un mundo en el cual internet existía antes de que tuvieran uso de razón.
El
informe especial que presentamos en esta edición muestra las múltiples
caras que tiene el tema de la educación en Colombia. Es un espacio que
ha tomado inusitado vigor en nuestra sociedad, donde es posible
encontrar personas que innovan, toman riesgos y emprenden proyectos de
largo alcance en medio de grandes limitaciones de recursos. Si alguien
tiene dudas respecto a cuál puede ser el estado del liderazgo en
Colombia en esta época, basta que se dé una vuelta por el mundo de la
educación para que se encuentre con una lista de personajes atrevidos y
experimentadores, que están definiendo hoy cómo será nuestra sociedad
de mañana.
Opiniones de líderes
Buscando
una visión de conjunto sobre este tema, Dinero realizó una reunión de
trabajo a gran escala, a la cual asistieron 120 líderes colombianos en
temas de educación, provenientes de la academia, el Gobierno y el
sector privado. La discusión se centró en esta pregunta: ¿qué debe
hacer el país, en cada una de las etapas de su sistema educativo, para
que la generación de colombianos que está naciendo hoy conviva en paz,
sea tolerante y siga leyes y reglas?
El debate giró en torno a
una propuesta de Antanas Mockus, ex alcalde de Bogotá y ex rector de la
Universidad Nacional, según la cual el sistema educativo colombiano se
debería orientar a lograr que los individuos actuemos más
racionalmente. "Creo sinceramente que desde el sistema educativo
podemos hacer que las acciones de los colombianos sean más racionales.
Esto incluye temas de eficiencia y ser más sensatos para lograr una
finalidad", expuso.
El profesor Mockus cree que "ser más
racionales significa manejar mejor los motivos de la acción". Su idea
es que los intereses mueven a la gente y que, por tanto, es necesario
"educarnos para que nuestra acción corresponda y mejore nuestros
intereses, para que sean más eficaces y eficientes".
El debate
no se hizo esperar. El grupo, dividido en mesas de trabajo, buscó
llevar esta premisa a las dimensiones de la educación de la primera
infancia, la educación básica y secundaria y la educación superior.
Otras mesas exploraron la ciencia y la tecnología, la relación con el
sector privado y el financiamiento.
Surgieron numerosas
preguntas. ¿Pueden los niños aspirar a una educación que los lleve a
ser más racionales, cuando desde el momento del embarazo la sociedad
crea diferencias entre ellos que luego serán insuperables? ¿Es posible
realmente llevar a los niños a buscar la racionalidad y a ser más
eficaces en la búsqueda de sus intereses, cuando el entorno hace
difícil el florecimiento de la creatividad y del pensamiento crítico?
Por
otra parte, ¿quién decide qué es lo racional? ¿Cuál es el rol de las
emociones, la educación física y la creatividad en la construcción de
la idea de lo racional? Cuando nos enfrentamos con jóvenes que leen y
abordan la realidad con una racionalidad distinta, muchas veces
desordenada, es importante aclarar a qué tipo de racionalidad nos
referimos. Esto implica que el sistema de educación superior no debería
suponer que entiende qué es esa racionalidad. Debería pensarla,
estudiarla y entenderla.
Las reglas y la productividad
"¿Por
qué reglas? Porque los motivos coexisten en forma silvestre y son
además muy inestables", afirma Mockus. Él plantea la existencia de tres
tipos de reglas: las legales; las morales, donde el énfasis está en el
autocontrol; y la mutua regulación. "Si yo tuviera que escoger entre
los tres, diría que el sistema educativo debería orientarse
principalmente en la autorregulación. Si no se logra que los
estudiantes internalicen ciertas normas, el funcionamiento
institucional se derrumba. Se necesita gente con moral, con capacidad
de autorregularse y de obedecer a sus propios principios y que respete
y entienda la función de la Constitución y las leyes".
El
profesor Mockus ve una conexión clara entre la autorregulación de los
individuos y la productividad del país. "Si el sistema educativo no le
mete el hombro a la búsqueda de productividad, no habrá productividad
suficiente", afirma. Dentro de esta idea, "para que nuestras
exportaciones tangan más valor agregado, se requiere que haya más razón
en cada producto". Esto depende en buena parte del sistema educativo,
incluido el sistema de ciencia y tecnología. Sin embargo, ni la ciencia
ni la tecnología son fines en sí mismos. "No vemos la educación en
contravía con la competitividad, pero tampoco vemos la competitividad
como la única razón de ser de la educación y la actividad científica y
tecnológica", puntualizó la mesa que trató este tema.
Esta
invitación a pensar en el papel de las reglas y la autorregulación
llevó a algunos de los asistentes a señalar la importancia de hacer un
cambio en el modelo formativo para integrar el componente humanístico,
tratando de que el estudiante se forme en esa autonomía y en el
ejercicio responsable de la libertad.
Esta conexión entre
autonomía individual y ciencia y tecnología despertó un gran interés
entre los participantes. Es necesario educar en competencias ciudadanas
y en la innovación para la solución de problemas. Necesitamos más
pensamiento global, más movilidad y tener jóvenes que, a partir de
conceptos de equidad, puedan ver el mundo con todas las puertas
abiertas. La ciencia y la tecnología no son simplemente esferas de
conocimiento técnico y frío, sino herramientas con las que se construye
el ámbito de la autonomía individual.
Lo individual y lo colectivo
Antanas
Mockus resaltó otra clase de restricciones diferentes a las reglas: los
acuerdos. Los colombianos se sienten buenos para hacer acuerdos, aunque
declaren que por lo general estos no se cumplen. "A veces tenemos una
torpeza enorme para hacer acuerdos. Uno aprende a hacer acuerdos en
muchas circunstancias, pero tal vez en Colombia ser más racional en la
acción significa aprender a hacer acuerdos, aprender a actuar
colectivamente", sostiene. La acción colectiva es aquella donde se
busca un bien colectivo que conviene a todos, pero donde siempre hay la
duda respecto a si todos van a colaborar. "Aprender a actuar
colectivamente es una de las caras de aprender a actuar racionalmente.
El sistema educativo debe trabajar en esa dirección", afirma el experto.
Los
miembros de la mesa que trató el tema de la financiación de la
educación señalaron que ese balance entre el interés individual y el
interés de la sociedad lleva a situaciones que pueden ser difíciles.
Por ejemplo, la mayoría de las universidades públicas tienen sistemas
de selección para el acceso con los que buscan atraer a los individuos
de mayor calidad. Estos individuos suelen ser personas que, por lo
general, se han podido educar en sistemas privados y hacia ellos van
las mejores oportunidades. A lo largo de su formación universitaria, se
benefician de los recursos que la sociedad en conjunto le ha
transmitido a estas universidades públicas. Es indispensable avanzar
para manejar de forma más sensata esta contradicción.
En
síntesis, declara Mockus, "si desde el vientre materno hasta el
doctorado todos coincidiéramos en incrementar la racionalidad de la
acción, el ideal sería lo que yo llamo la simultánea: que el sistema
educativo se movilice a mejorar todo lo que tiene que ver con razones,
con argumentación, con racionalidad en el sentido medio-fin. Pero
también, que se tuviera una movilización en el mercado, es decir, no
tenerle miedo al mercado; si se actúa racionalmente este no causa daño
porque en él operan restricciones".
A través de los artículos
que conforman esta edición especial sobre educación, Dinero quiere
invitar a sus lectores a pensar en la Colombia del mañana y en la
construcción de esta nueva racionalidad. Tenemos que desarrollar una
nueva manera de pensar, que nos permita sacar adelante nuestros
intereses como colectividad. Esta nueva racionalidad podría hacernos al
mismo tiempo más libres para perseguir nuestros ideales individuales en
un mundo globalizado, pero también más atentos a nuestras obligaciones
con la colectividad. Todos pertenecemos a la misma Colombia, un país
que va a requerir de todo nuestro esfuerzo y nuestra voluntad para
salir adelante y lograr que los niños de hoy hagan realidad los sueños
sin límite que ya albergan en sus mentes y sus espíritus.
Más...
Fuente: http://www.dinero.com/noticias-especial/educacion-viene/57533.aspx
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